
Las últimas semanas hemos compartido dos jornadas muy especiales junto al equipo de voluntariado de Cruz Roja León. Dos formaciones diferentes, pero unidas por una misma idea: descubrir nuevas formas de mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores a través de la memoria, la participación y la conexión con el entorno.
La primera sesión estuvo dedicada a la Memoria Viva, una metodología que utiliza recuerdos, historias y conocimientos personales para generar conversación, fortalecer vínculos y poner en valor todo aquello que las personas mayores tienen que aportar. Porque la memoria no es solo una herramienta para recordar el pasado; también es una forma de compartir experiencias, transmitir conocimientos y reforzar la identidad de las personas.

Uno de los momentos más enriquecedores de la jornada llegó cuando cada voluntario y voluntaria trajo un objeto significativo para compartir con el grupo. Algunos eran herramientas antiguas, otros objetos cotidianos o recuerdos familiares. Lo interesante no era el objeto en sí, sino la historia que llevaba detrás.

¿Quién lo utilizaba? ¿Para qué servía? ¿Dónde se consiguió? ¿Qué recuerdos despertaba?
A partir de preguntas sencillas surgieron relatos sobre formas de vida que hoy parecen lejanas, anécdotas familiares, oficios tradicionales y recuerdos cargados de emoción. Una demostración práctica de cómo un objeto puede convertirse en una puerta abierta a la memoria y al diálogo.
La segunda formación nos llevó del recuerdo al territorio. Trabajamos los paseos terapéuticos, una propuesta que entiende el caminar como una herramienta de cuidado. No se trata de hacer ejercicio ni de completar una ruta determinada, sino de pasear sin prisas, observando, conversando y disfrutando del entorno.

Cada vez existen más evidencias sobre los beneficios que tiene caminar en la naturaleza para las personas mayores: mejora la movilidad, estimula la atención, favorece las relaciones sociales y contribuye al bienestar emocional. Pero además, cuando el paseo transcurre por lugares conocidos, ocurre algo muy especial: el paisaje activa recuerdos.
Un camino, una fuente, un árbol o una pradera pueden despertar historias que llevaban años sin contarse. El territorio se convierte así en un gran archivo de memoria compartida.
Durante la sesión también exploramos la ciencia ciudadana, una forma de participar en proyectos de investigación y conservación a través de la observación del entorno. Aprendimos cómo herramientas como iNaturalist permiten registrar plantas, animales y otros elementos de la biodiversidad local de forma sencilla, convirtiendo cada paseo en una oportunidad para contribuir al conocimiento y cuidado del territorio.

Lo más interesante de esta propuesta es que une tres dimensiones que rara vez aparecen juntas: el bienestar de las personas, la conservación de la naturaleza y la participación activa en la comunidad.
Estas formaciones las desarrollamos desde la Reserva de la Biosfera Valles de Omaña y Luna, compartiendo un objetivo común: generar experiencias significativas que permitan a las personas mayores mantenerse activas, conectadas con su entorno y reconocidas como portadoras de un conocimiento valioso para toda la sociedad.
Queremos agradecer a todo el equipo de voluntariado de Cruz Roja León su implicación, curiosidad y entusiasmo. Su papel será fundamental para trasladar estas herramientas a futuras actividades y seguir construyendo espacios donde la memoria, la naturaleza y las personas puedan encontrarse.
Porque a veces basta un objeto, una conversación o un paseo para descubrir que las mejores historias siguen muy vivas.