
El pasado lunes 4 de agosto iniciamos, junto a los apicultores de la Marca RBVOyL, el camino de nuestro nuevo proyecto de convivencia con el oso pardo, El oso pardo, llave maestra del ecosistema. En esta primera jornada presentamos los objetivos y acciones que vamos a llevar a cabo: proteger colmenares en zonas de conflicto, mejorar la prevención de daños y generar un marco de cooperación estable entre apicultores y técnicos de la RBVOyL Para ello, contamos con la participación de Héctor Ruiz, que explicó momentos clave del ciclo anual del oso (alimentación, movimientos, periodos de mayor actividad) para priorizar cuándo y cómo reforzar la protección de los colmenares y ajustar las medidas a la realidad del territorio.
En la jornada, también estuvo presente el personal técnico de la Reserva de la Biosfera de Babia, territorio vecino que comparte con nosotros los mismos retos en cuanto a la convivencia con la fauna. Juntos, intercambiamos experiencias y conocimientos para abordar de manera más efectiva los desafíos comunes.
Percepción general: el conjunto de respuestas refleja una actitud mayoritariamente favorable hacia la presencia del oso, con matices según actividad.
Por sectores: el turismo lo valora muy positivamente; la apicultura muestra una opinión dividida por el riesgo a colmenas; la ganadería extensiva es el sector más crítico.
Presencia en el territorio: la mayoría afirma haber detectado indicios de presencia recientes, con algunos avistamientos puntuales, y sitúa el establecimiento de la especie en el territorio desde hace más de tres años.
Daños y prevención: varias personas han declarado daños en colmenares; muchas ya han probado medidas preventivas, aunque su eficacia se considera parcial en casi todos los casos. Se demanda agilizar compensaciones y apoyo técnico.
Oportunidades: se señalan atractivo turístico, biodiversidad, acceso a ayudas y refuerzo de identidad territorial como principales valores añadidos si la convivencia funciona.
Monitoreo con cámaras de fototrampeo en colmenares situados en zonas de conflicto para conocer la actividad del oso y ajustar medidas.
Instalación de cercados eléctricos en varios asentamientos seleccionados según criterios técnicos (ubicación, conflictividad histórica, impacto potencial de la medida, accesibilidad, etc.)
Asesoramiento técnico de Andrés Ordiz y Héctor Ruiz, biólogos e investigadores en la Universidad de León, sumando la experiencia práctica de los apicultores que llevan años conviviendo con la especie.
Consolidación de un grupo de trabajo con apicultores para coordinar las actuaciones, acompañar la instalación y mantenimiento de las medidas, y tejer una red comunitaria que ayude en situaciones de conflicto y refuerce la resiliencia del sector ante los retos del mismo en el territorio.
Innovación en prevención: una de las propuestas más valiosas surgidas en la jornada fue incorporar sensores de carga eléctrica en los cercados, con envío de datos en tiempo real mediante LoRa (infraestructura que ya usamos desde hace años en la monitorización de colmenas y nos ofrece una amplia cobertura en el territorio). Esto permitirá ahorrar desplazamientos, detectar pérdidas de eficiencia por hierba o fallos y acelerar la localización de ataques o destrucción de cercados dentro del plazo legal de aviso, que se establece en 3 días.
En los próximos meses os iremos compartiendo información sobre nuevas sesiones de trabajo para avanzar, compartir resultados y ajustar las actuaciones sobre el terreno.
Este proyecto se realiza con el apoyo financiero de la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco en el marco de la Iniciativa Humanidad – Fauna Silvestre #InitiativeHommeFauneSauvage.



