
El pasado 18 de febrero estuvimos en el CEIP La Biesca de La Magdalena y ayer, 23 de febrero, en el CRA de Riello, compartiendo una nueva jornada con nuestros Guardianes de la Biosfera. Ya sabéis que este año cumplimos 10 años trabajando con ellos (y eso lo celebramos en el blog anterior), pero cada taller sigue teniendo algo especial, como si fuera el primero.
En La Biesca el tiempo no acompañó y tuvimos que quedarnos en el gimnasio. Aun así, el taller salió adelante con la misma energía de siempre. Aprovechamos para hablar de algo muy cercano: los incendios que vivimos el pasado verano en Fasgar, Garaño y Riello. Intentamos entender juntos qué ocurre cuando el fuego atraviesa el monte. No solo se pierden árboles. También se pierden refugios, alimento y lugares seguros. Algunos animales no pueden escapar de las llamas, pero incluso los que sobreviven se quedan sin sitios donde esconderse de sus depredadores, sin espacios para hibernar o sin rincones tranquilos donde reproducirse.
También vimos que el monte tiene su propio ritmo para volver a levantarse. Tras las primeras lluvias rebrotan las herbáceas en los lugares donde la cepa no se ha quemado hasta la raíz (si la raíz sigue viva, hay esperanza). Después aparecen plantas nuevas a partir de semillas, siempre que el banco de semillas del suelo no haya ardido. En las zonas donde el suelo está más dañado todo va más despacio. Más adelante regresan los arbustos (pueden tardar meses o incluso años) y, por último, si el dosel arbóreo se perdió por completo, harán falta décadas para volver a ver ese bosque como lo recordábamos.
Karol, que lleva casi cinco meses con nosotros realizando su estancia Erasmus+ (ha venido desde Berlín), preparó dos juegos para que los niños entendieran algo muy sencillo y muy importante: la vida depende del equilibrio entre alimento y refugio. Jugando comprobaron que no todos los animales pueden vivir en cualquier sitio. Según lo que comen, necesitarán un tipo de hábitat u otro (si su dieta depende de insectos, semillas o pequeños vertebrados, su casa estará allí donde eso abunde). A partir de ahí, aprendimos a identificar los mamíferos para los que podemos fabricar cajas nido en nuestra zona y a pensar dónde tendría sentido colocarlas.
También construimos un seto de Benjes (una estructura hecha con restos de poda que en Alemania es bastante habitual). Sirve como cortavientos, como refugio para la fauna y como mejora del suelo cuando la madera se va descomponiendo. Nos gustó mucho la idea de dar una segunda vida a algo que normalmente se consideraría un residuo.
En el CRA de Riello tuvimos la suerte de disfrutar de un día soleado y casi primaveral. Pudimos salir fuera, jugar con Karol en el patio y construir el seto de Benjes directamente en el terreno. Allí mismo colocamos una caja nido para erizos en el campo de fútbol y otra para lirones en las inmediaciones del colegio. En La Biesca quedaron preparadas varias cajas (una para murciélagos, otra para armiños y comadrejas, otra para lirones y otra para erizos) que instalaremos en el siguiente taller cuando el tiempo nos deje. Puedes descargar la presentación que utilizamos con planos específicos de cajas nido por especies aquí.
Lo más bonito no fue solo aprender cómo se recupera un bosque o cómo fabricar un refugio. Fue ver cómo se preguntaban dónde estaría más seguro un erizo, qué necesitaría un lirón o por qué un murciélago prefiere un lugar tranquilo y alto. Cuando un niño se hace esas preguntas, algo importante ya está pasando.
Al final, más que construir cajas nido, estamos construyendo mirada. Y eso, aunque no se vea, es quizá el refugio más fuerte que podemos ofrecer al territorio.









