Quercus pyrenaica L.
Nombre vernáculo: roble, marfueyo, rebollo (roble pequeño)
Descripción: en condiciones normales, es decir, cuando el tronco principal no ha sufrido una tala, puede superar los 25 m de altura y un diámetro de más de un metro de grosor. Las hojas profundamente lobuladas, al nacer, tienen un característico color carmesí y se cubren, solo en el envés y cuando son adultas, de un denso tomento. El fruto es una bellota que se encuentra protegida por una pequeña cúpula rígida y cuelga de un corto pedúnculo.
Hábitat: forma bosques de gran extensión, particularmente en Omaña, y rara vez habita suelos calizos. Una parte importante del área ocupada hoy en día por robledales jóvenes se ha formado -mediante procesos de sucesión natural- a raíz del abandono de las tierras centenales surgido a mediados del siglo XX.

USOS ETNOBOTÁNICOS
Es la especie con mayor número de usos diferentes (un total de 18) de todas las encontradas en el territorio. El uso más reportado ha sido para la construcción, habiendo sido empleado para las vigas de las casas, tablas del carro, traviesas del ferrocarril o cepos tradicionales para las colmenas de las abejas. Otro uso histórico de importancia ha sido como combustible, siendo utilizado para las leñas y poder calentarse durante los largos inviernos leoneses. También se han utilizado las hojas para la alimentación animal, como pienso durante el invierno o el mielato como alimento de las abejas.

COMENTARIOS DE LOS INFORMANTES
PARA SABER MÁS
La elevada diversidad de usos etnobotánicos denota la importancia que tuvo la especie en el pasado. Por ejemplo, en Villarín de Riello, las bellotas se llegaron a utilizar para elaborar café, mientras que, en Barrio de la Puente, la madera ha sido empleada para la fabricación de canales que derivaban el agua que salía del molino. También ha sido reconocido por sus propiedades veterinarias. Una aplicación curiosa, es que, la corteza cocida tenía como resultado un caldo marrón que era empleado como enema -debido al elevado contenido de taninos- para secar la mucosa hemorrágica que provocaba el frecuente problema de melena que sufría el ganado.

